viernes, 21 de septiembre de 2012

Timanfaya. Las Montañas del Fuego. (Lanzarote)



Las Montañas del Fuego o Timanfaya forman parte de una amplia zona afectada por las erupciones volcánicas acaecidas en Lanzarote entre 1730-1736 y con posterioridad en el año 1824.

Este largo proceso eruptivo, uno de los más relevantes y espectaculares del volcanismo histórico de la Tierra, cambió drásticamente la morfología de la isla quedando prácticamente sepultada una cuarta parte de la misma bajo un grueso manto de lava y ceniza.


A lo largo de Timanfaya se originan lo que los vulcanólogos denominan "anomalías geotérmicas", esto significa que se poducen temperaturas inusuales en la superficie provinientes del subsuelo.



En el interior del Parque Nacional existe un tramo de unos 14 kilómetros acondicionado para su visita denominado "La Ruta de los Volcanes".

Juanto a la parada de los autobuses que recorren el Parque ( única forma de visitar su interior) existe un Bar - Restaurante en cuyas inmediaciones se realizan exibiciones que demuestran que aún fluyen ríos de lava a pocos metros de la superficie.


El paseo a lomos de camellos sobre el volcán es, sin duda, una de las estampas más clásicas de Lanzarote y conjuga el exotismo del transporte con la espectacularidad del entorno.
El camello en Lanzarote:
El camello (Camelus dromedarius) llegó a las islas en torno a 1404 procedente del continente africano. Su transporte hasta las islas, al no poderse llevar a cabo sobre la cubierta de las embarcaciones, era remolcando a los animales amarrados a las mismas, evitando así la peligrosidad de la navegación a bordo. Esto era gracias a la flotabilidad de que le confieren sus estómagos al actuar como bolsas de aire; también, gracias a la capacidad que tienen de cerrar herméticamente las fosas nasales, lo que impedía que se ahogaran. Como consecuencia de estos largos viajes, se recoge en las crónicas que muchas eran las lesiones de los camellos durante las travesías al ser mordidos por los peces.




En Lanzarote, allá por 1730, describen los cronistas de entonces la existencia de 5.000 habitantes y 1.700 camellos, muchos de los cuales se refugiaron en La Graciosa por culpa de la intensa actividad volcánica de aquellos años hasta 1736. El camello tuvo un papel relevante en el desarrollo agrícola de la islas orientales, utilizado como medio de transporte, carga y trabajo y a primeros de siglo XX, con el desarrollo de los cultivos de legumbres y cereales de secano, así como de las cebollas, ocupa un lugar privilegiado en la ganadería de la isla. Es al animal más codiciado, símbolo de prosperidad y signo de cierto estatus social. Rara era la casa de agricultores donde no existía, como mínimo, uno de estos animales. Llegó a establecerse un censo en los años posteriores a la Guerra Civil de unos 3.000 camellos. También se utilizaron en la construcción de muros para hacer terrazas, cargando piedras y llevándolas donde ninguna otra bestia podía llegar y, posteriormente, llevando arena para cubrir las mismas. Fruto del trabajo del camello y el hombre se modeló un paisaje que hoy es conocido mundialmente.





Cuentan los mayores que entonces en todos los pueblos de la isla se contaba con gran cantidad de camellos, se cortejaba con ellos (los chicos más jóvenes presumían llevando los más fuertes) e incluso eran habituales los incidentes ocasionados por la conducta agresiva de los animales, accidentes que podían ser incluso mortales, sobre todo durante el celo de los machos.




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